Gastronomía


 

 

Después de mostrar en estas páginas todo nuestro acervo cultural. histórico, arqueológico y arquitectónico y haber recorrido a través de las imagenes fotográficas todo nuestro casco urbano y término municipal, nos vamos al ecuentro de otra de las peculiaridades de nuestra tierra Castellana. Nos queremos referir a su gastronomía a la esencia de la cocina de Bercial de Zapardiel. Lo más carácrerístico son los platos elaborados, con los productos optenidos de la matanza (patatas con sangre, zorraspas, butifarra...) el cocido de Bercial, los asados al horno de leña que ahora se hacen en Madrigal por haber desaparecido hace ya tiempo el último horno que fuera de la Sra. Matilde.

 

Vino Verdejo, chorizo y salchichón. Matanza hecha el 8 de diciembre de 2001 de "marranos" engordados con recebo de panija.

 

Jamón añejo de la matanza del 2000.

En Bercial se pueden degustar los famosos guisos de judías y podemos destacar también la preparación del conejo al ajillo, frente a otros fuertes y calóricos platos de la comarca.

Nuestro pueblo es tierra de fuertes comidas, ricas en grasas e hidratos de carbono, regados con el verdejo de tierras de Madrigal, para poder soportar los rigores del frío invierno y los trabajos en el campo. Destaca, por supuesto el cocido compuesto de garbanzos y viandas. Los garbazos se dejan en remojo la noche anterior con un poco de sal gorda y cuando se cuecen se juntan con las patatas en el puchero. La vianda se compone de carne de vaca de mucha hebra, tocino de cerdo, huesos, chorizo, morcilla con tripa de vaca y curada al humo, etc. Otro plato que no podemos dejar de mencionar es las sopas de ajo y el gaspacho castellano, éste era el desayuno de los labradores. Y entre los potes, como mencionábamos antes, se encuentran los famosos potes de alubias, lentejas y pipos.

Entre los dulces más importantes de Bercial, se encuentran los bollos de aceite, moros (magdalenas), pastas, tortas de chicharrón (es lo que queda tras derretirse la manteca del cerdo a fuego lento) y rosquillas de corchete, que son los postres de horno mejor considerados del pueblo. Su gran mayoría toman como base primordial la manteca del cerdo. De los postres en sartén destacan los huesillos, hojuelas, buñuelos, empanadillas de hojaldre, etc. Entre los licores sobresale el ponche y el vino verdejo. El primero se consigue hirviendo la uva hasta espesar el mosto para después ser mezclado con aguardiente.

 

Lechazo

 

Pipos
Tostón

 

Los moros que elaboraba la Sr. Matilde para San Blas

 

Rosquillas de harina o caldera
Rosquillas de bate

Los panes

 

Fueron éstas tierras de pan llevar y aún hoy un pan al menos suele y hasta debe llevarse a su destino quien sabe cruzarlas. Panes grandes o pequeños, molletas y de cuatro canteros, bregados lechuguinos y hogazas de esponjosa miga.

Pan. Pan y todo lo demás. Pan, base de una alimentación de cultura cerealista que a él todo lo refiere: compango, conducho, condumio, compañía... Pan que se hace alimento básico y símbolo de toda subsistencia como es el caso de las palabras de Fray Fernando de Zárate tan cercanas en el fondo a las que el panadero del Colloquium de Aelfric Grammaticus, esgrimiera unos seis siglos antes.

El pan alimento base en la cultura cerealista de Castilla y León

No será ya muy frecuente besar el pan que por descuido cae de la mesa, pero en muchos pueblos sigue siendo costumbre, al cortar un pedazo de hogaza nueva -"encetar" se dirá- que el padre trace una cruz allí donde va a hundir el cuchillo. También el pan por tanto -cómo no- se llena de significaciones.

Tradicionalmente se amasaba con o sin levadura; dato de interés a la hora de colgarle a alguien el sambenito correspondiente y ya en el siglo xv
aparece ahormado su significado en el significante pan lindo proveniente de legitímus por oposici6n al pan ácimo tomado por los no cristianos españoles.

 

Moros, bollos de aceite, pastas y empanadas

 

La olla o cocido

 

 

El cocido es un respetable condumio que fija la síntesis de su preparación en una época en la que España está escindida socialmente en cristianos viejos y cristianos nuevos. Estos últimos denominaban adafina ( del arabe ad-dafina, "la encubierta") a uno de sus platos típicos que preparaban (garbanzos, patatas, ajos, puerros, carne de vaca -y, a veces, pollo-, especias y huevos duros) según la Ley de Casher, a la caída del sol, en un anafre dejándola recubierta con el rescoldo y dispuesta para ser comida el día del descanso litúrgico de los hebreos, el sabbät, o sábado. Pero, como bien dijo Dominguez Ortíz, los pueblos cambian antes de religión que de constumbres gastronómicas. Y los conversos convirtieron la adafaina infiel en el cocido cristiano, tal como lo disfrutamos hoy, pero dejando ladinamente en él un marchamo de su identidad aquel huevo duro se camufló, sin perder su sustancia, en nuestro relleno, pelota o bola, especie de torta ovoide a base de huevo, pan rallado y perejil, que no quita ni pone al cocido más que antiguos prejuicios culturales.

Tras los bautismos más o menos voluntarios, este plato siguió siendo propio de los conversos que, para disipar dudas, incluyeron chorizos, morcillas, pies, orejas, tocino, jamón y otros convincentes derivados de la matanza, pese a su anterior - y, con frecuencia, todavía no olvidada- religión les tenía prohibido comer carne porcina; de ahí que llamemos marrano (del árabe máhran, "cosa prohibida") a tan limpísimo y suculento andante.

 

La sopa de ajo

 

Lo encomiable de nuestra sopa de ajo "casera y vulgar es que no tiene nada de particular por fuera. Y más sorprendente todavía es que por dentro le pasa lo mismo".Estas palabras de de Eugenio Noel pregonan la sabrosísima elementalidad de un plato que ni en su fórmula más simple olvidará ninguna de las siete virtudes que le señalara ventura de la Vega:

"Quitan el hambre y dan poca sed;

hacen dormir y digerir;

nunca se enfadan, siempre agradan

y crían la cara colorada."