Angel Zurdo y Cruz. 1955
tecnológica que llegó a Bercial haciéndole entrar en el siglo XX (véase articulo de opinión del Diario de Ávila de fecha ).
La maquinaria censada era la siguiente: Arados romanos ordinarios 100, arados de vertedera 25, gradas 1, cultivadores 1, guadañadoras 1, trillos ordinarios 100, trilladoras 2, aventadoras 24, selecionadoras 1 trituradoras de granos 2, motores de gasolina 8, bombas para riego 6, norias 20.
En el año 1954 se comprueba, por los datos aportados por el censo de maquinaria, un salto cualitativo determinante en la composición del parque de maquinaria. Se pasa de 0 a dos tractores. De motores 8 hp, de gasolina, de menos de 10 caballos, a 31. De 6 bombas para el riego con motor de menos de 10hp a 28. De 20 norias a 50. De 24 aventadoras se pasa de a 32 (algunas trabajaban con motor de gasolina), desgranadoras 2. Por el contrario se comprueba que se van reduciendo el uso de aperos tradicionales: como el arado romano que pasa de 100 unidades a 88, los trillos ordinarios de 100 a 65.
Mercado de Arévalo.1934 Foto Mayoral
LAS FAENAS DEL CULTIVO DE LA REMOLACHA
El Rojo, Filo, Sonsoles, Zoilín y Zoilo Martín. 1967
Los trabajos de la remolacha en la actualidad se han humanizado. No se entresaca, una de las faenas más duras, esto se ha evitado sembrado la remolacha monogermen; no se escarda, porque se echan herbicidas cada vez más eficaces y también y en las misma medida más contaminantes para el campo. En la recolección ni se saca a pico, tampoco se pela con el hocillo, o se carga con la garieta los remolques. Y para rematar, el riego no se hace a pie, ni con regadera o incluso cambiando las insufribles líneas de lluvias, ahora tenemos: las coberturas totales, los pivos o los cañones para las cebadas.
Si bien es cierto que todos estos avances han liberado al agricultor del trabajo duro y sacrificado del cultivo de la remolacha, no es menos cierto que estas nuevas técnicas han contribuido a realizar todas las tareas con menos mano de obra lo que ha generado en estos últimos quince años el abandono de los pueblos de cientos de jornaleros que dependía de las distintas campañas del cultivo de la remolacha: el entresaque, escarde y recolección que daban miles de jornales.
Pero no siempre fue así de fácil el trabajo de la remolacha. Es cierto, que hace 50 años se sembraba muy poca cantidad de remolacha (una media de 1,5 por productor) pero los medios también eran muy escasos y lo que si era igual que ahora es la climatología, inviernos metidos en aguas como este año o por el contrario de hielo como el año pasado. No existían los guantes de goma ni las botas, a veces, había que llevar la remolacha a casa y pelarla en los colgadizos. Los otoños que venían lluviosos daban lugar a una y mil peripecias para sacar la remolacha de las tierras.
Cuando el se ponía así de bravo, en la saca de la remolacha se utilizaban métodos para su recolección que hoy nos pueden parecer pintorescas, se llegó a sacar con trillos, en cestos o con los burros con los serones y las aguaderas.
Un ortoño-invierno tan lluvioso como éste nos podemos imaginar andando por el camino de Arévalo, que conduce a las primeras tierras que se sembraron de remolacha en Bercial, al Sr. Valentín Hidalgo acompañado del Sr. Julián Rodríguez (de algunos jornaleros y la prole de hijos nietos y demás familia); que lleva detrás un par de mulas uncidas al carro. Sin preparativo alguno, sin darse importancia, entra en la tierra, las mulas hunden sus patas, pero despacio y a pulso llegan a unos de los montones de remolacha que los agricultores habían sacado a pico; con las garietas las echan al carro y en seguida comienza el calvario. Con una potencia increíble las mulas avanzan seguras; ero en cuanto caen en los roderones de otros días, por más que tiran hasta casi romper el yugo, cuya madera cruje lastimosa, ya no pueden por más que lo intentan salir del atolladero.
Julián pica a los animales que, clavados en el barro removido, llegan a rozar el suelo con la barriga y relinchan de tal forma que espantan al mismísimo miedo, arrastran el carro unos metros, para detenerse en seguida sin que de nada valga el látigo ni los gritos desaforados del Valentín. Se ponen todos los hombre a empujar de las ruedas. Pero aunque lo intentan, es de tal magnitud el esfuerzo, que enseguida quedan derrengados, y las ruedas clavadas donde estaban, o sea, hundidas hasta los bujes. Acude el Sr. Valentín con un par de mulas más, en refuerzo del otro par y con un estrinque (maroma) sujeto al yugo aumenta el empuje del primer par, que, tras un breve reposo y con tal ayuda consigue llegar al camino. En él hay media carga escasa, el ganado ya casi inútil, los labradores cansados, y la mayoría de los montones, casi flotando, aún en la tierra.
Cuadrilla de jornaleros de Bercial. 1981
El Sr. Julián se quita la boina indeciso y se rasca la cabeza, la que llena de barro, llama a continuación a Tiburcio su hijo y a Gervasio y les da un recado que no oyó nadie marchan los dos muy agudos camino del pueblo.
El cuadro en el corte es desolador: Además de tremendo cansancio, dicho al personal, ganados y carro, apenas si se los distingue del barrizal. Ante tal panorama, el Sr. Valentín pone más que reparos para continuar la labor que raya en lo inhumano. Julián le dice, que si no le parece mal se deja el trabajo, pero antes quería hacer un experimento, eñalando el par de mulas guiadas por su hijo Tiburcio y Gervasio, que ya vienen con el trillo en desliz silencioso sobre el agua y el légamo del camino. Entra luego en la tierra como una barca en el río, suavemente y sin la menos resistencia.
Sonriente y satisfecho el Sr. Julián saca uno tras otro todos los montones que aún quedaban en la tierra. La labor fue dura para los jornaleros que cargaban la remolacha, pues tuvieron que triplicar su esfuerzo: del montón primero al trillo, y del trillo al carro. Pese a todo al mediodía ya hay carga para llevar el costoso producto a la báscula, donde puede que el descontero les mande a por más remolachas por no llevar bastante deducido el descuento...
Llegados los labradores al pueblo y a sus casas, acudieron todos al pilón del abrevadero donde, despojados de las envolturas de sacos con las que protegen las ropas, practicaron las necesarias abluciones, aunque más de uno hubo de quedarse casi en cueros, para quitarse de encima tanta suciedad.
La familia García Arenas en pleno esfuerzo. 1994
Estas formas de trabajo de dureza implacable y dignidad, existieron y por eso debería de conocerlas las siguientes generaciones para así poder valorar la herencia recibida, basada y solamente posible, gracias al sacrificio de los que con dignidad y alegría vencieron al campo, con poco más que sus propias manos. Hombres y labradores Castellanos con voluntad de hierro fraguada en esta tierra nuestra, en la que por fortuna, irrumpió imparable la maquinaria. Bruno Coca
QUE VIVAN LOS QUINTOS ...y San Blas
Hace muchos años el servicio militar tenía un significado muy diferente al que se ha atribuido al final de su existencia. La mili tenía una transcendencia especial para los jóvenes que debían acudir a filas. Sobre todo para los mozos de los pueblos. La mayoría de ellos era la primera vez que salían de casa par ir a otras regiones de España. Era el año que se entraba en quinta y con él, además de todas las actividades que se realizaban para conmemorar un acontecimiento, por aquel entonces tan especial, comenzaba el paso de la adolescencia a la madurez. En Bercial el protagonismo de los mozos que entraban en quinta se celebraba en torno a la festividad de san Blas. Las fiestas que los quintos realizaban antes de partir de sus pueblos para realizar el servicio militar se celebraban también entorno a la festividad de San Antón con la carrera de gallos y las rondas cantando por las calles eran también muy sonadas.
El reconocimiento y el sorteo era el momento crucial en la vida quinto A finales del siglo XIX y parte del XX. El reconocimiento médico, la talla y la calificación de apto se hacía en Bercial por una comisión elegida al efecto por el Ayuntamiento.
A partir de 1940 el reconocimiento se convirtió algo vital pues un simple informe negativo del médico, encargado del reconocimiento, podía privar al mozo de un buen futuro, ya que antiguamente el que no hacía el servicio militar no se le consideraba como hombre y no podía optar a ningún puesto de trabajo.
A finales del siglo XIX la mili duraba ocho años. E. 1921 el servicio se redujo a seis años, pero en 1937, con el estallido de la Guerra Civil, la mili volvió a durar ocho años de nuevo. En 1968 los jóvenes debían de cumplir 18 meses de servicio militar y en 1991 la estancia se redujo a nueve meses hasta que desapareció en el 2001.
Una de las dudas que se planteaban muchas personas a lo largo de los años del servicio militar era la procedencia de la palabra quinto.
Este nombre que se les atribuye a todos los jóvenes nacidos en el mismo año y que tenían que acudir a la mili comenzó a utilizarse en siglo XVIII. En esa época, uno de cada cinco jóvenes realizaban el servicio militar. De ahí viene la palabra. Después se generalizó su uso y a pesar de que a partir del siglo XIX acudieron más personas, la palabra persistió.
Los quintos constituían la versión moderna de la leva honrada de la época mediaval. Esta servia para alistar jóvenes para la guerra y se distinguía de la leva forzosa en que esta última estaba regida por la justicia y condenaba a los maleantes a cumplirla. Después pasó a formar parte de la historia con la ilustración.
La leva se convirtió en quinta a partir de las Cortes de Cádiz. Entonces el soldado del rey se transformó en soldado de la nación y transformó la mili en deber constitucional. BC
Valentín García. Al que apuntan con la pistola. 1929
EN HOMENAJE A SAN BLAS
SU VIDA..
Blas, obispo de Sebaste
bendito en la gran Armenia.
siendo por Licinio perseguido,
En el 316 y por el gobernador
de Capadocia ordenado
fue con el martirio coronado
Blas por San Eustratius mencionado
de corona de martirio también recibidor,
SAN BLAS recibió con honor y agrado
las reliquias del santo y señor
y junto a las de San Orestes las depositó.
De la República de Ragusa
SAN BLAS es patrón principal,
en Grecia el 11 de febrero
fiesta sagrada y virtual.
El día 15 de febrero
con admiración y mil elogios
su onomástica situación
los antiguos martirologios.
En las Santas Cruzadas sus reliquias
por todo occidente se dispersan
y éstos versos sólo versan.
gracias a uno de sus milagros.
SAN BLAS, mártir de la iglesia
por los cardadores de lana elegido
Patrón de la procesión,
en cuyo gremio y con solemnidad
se conserva esta festividad.
Los peines de hierro, le atormentaron
por el daño que a él le hicieron
y por los quebraderos que le dejaron
los cardadores, lana suave le dieron
y a patrón de ella le alzaron.
A curar enfermedades
de garganta destinado
y también curaba algún otro mal,
si alguien por ella estaba afectado,
sanaba con bendición de SAN BLAS
por estos curas venerado.SAN BLAS en lo humano resaltaba
por su entrega y su vocación.
Era la hipocresía lo que odiaba
comprometido a su Fe y devoción.
Éste, en vida, valiente y glorioso
De nuestras devociones recibidor.
Y por su puesto nada rencoroso
¿Por qué no imitamos al Santo Patrón?
Seguro mejores nos convertiríá
y si es el vestigio de nuestro fervor.
Imitémosle y seguro nos abrirá
la puerta de la felicidad.
...Cómo celebramos su fiesta.
Muchos son días de preparativos
pintura, oración , limpieza y rica mesa.
Ganaderos vianda para el ganado,
hosteleros preparan ya su mercado
y todos juntos esperan al santo adorado.
Todos preparamos ruego y petición
y tan grande es la jaculatoria
para entregar al santo Patrón
que más que oración es historia.
Los quintos desean con ansia
Su momento de felicidad
pues en estas fiestas todo gira
entorno a su voluntad. |
Largo tiempo y cuántas HURRAS
dedicámosle a SAN BLAS.
Y en qué poco tiempo se esfuma
dejándonos ceño y la espina
quintos, sólo una vez en la vida.
Hay momentos de tristeza,
pero siempre es anodino
acordarse del Patrón
y aunque milagros como él no hagamos
tendremos su bendición
Puedo ser tratado foráneo
no me tengo como tal
y por eso tanto me inspira
la figura de SAN BLAS.
Llega el día dos, suenan las campanas
que desde la torre nos anuncian
del patrón ya la llegada.
Van los quintos a la iglesia
a poner cintas al santo
confesión risa con llanto.
Risa, por ya su llegada,
llanto suena de emoción
pues víspera es de la venida
la venida del Patrón.
Llega la noche ya el baile
todos muy contentos y alegres
disfrutan de la velada
que les empuja hasta la mañana.
Acaba la sesión, cansancio, abate
a comer churros y chocolate,
a coger fuerza para el recital,
de campanas, que los quintos dan.
Después mozos, chicos y mayores
todos la conga a bailar,
pues es reliquia de Bercial
que baile todo el personal
Después, al fin comienza la misa
para ella vestuario se estrena.
Caras de felicidad y risa
y el cantar de fondo suena.
Los quintos y a duras penas,
en el altar hacen entregas,
entre canción nostalgia y ojeras,
las palabras salen a penas.Los nervios se alzan al mástil
y el velero apenas navega,
el lector trata de evitar tirar por la borda
poniendo coraje y entrega.
Sacan los quintos el santo
en procesión por el pueblo
le entregan jotas y canto
llevando un enorme pañuelo.Madre y padre lloran de alegría
por ver a su hijo tan alto.
Al santo piden suerte y compañía
para que de ella no esté falto.
Entre júbilo, jotas y andaduras
¡¡VIVA SAN BLAS!! Se oye en el cielo
acompañado de cohetes
un viva se escucha luego.
Con tristeza el santo entra,
y la gente clama al cielo
para que salga, un año queda
si no hay santo, no hay consuelo. |
Le honramos y él nos bendecirá,
ha llegado la venida del Patrón
a llenar de paz y alegría
su pequeña pero inmensa nación
Pero la gente triste está
porque se ha marchado ya,
y sólo nos queda esperar
hasta que vuelva a regresar.
No puedo seguir escribiendo
pues estoy hablando del final
mustio yo me estoy poniendo
y esto acaba de empezar.
Así sólo se me ocurre decir:
esto va por todos vosotros.
a SAN BLAS santo y Patrón
le dedico esta poesía
pues me brinda admiración
y le recuerdo cada día.
SAN BLAS siempre es la vida
Se ha vivido, se vive y se vivirá.
¡Por siempre jamás!
Con amor y simpatía a mi pueblo dedico esta poesía.
Raúl Rodríguez Vicente
Ávila 28 de enero de 2002
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