En la iglesia sobre las andas y en el lugar que dos días antes había ocupado la figura de San Blas, estaba situada la imagen menuda de Santa Águeda, presidiendo en el lugar preferente la misa en su honor.
Al finalizar la lectura del Evangelio, las mujeres, hicieron sus peticiones y ofrendas dirigiéndose a Santa Águeda para disfrutar de buena salud, por la paz, etc... -
La procesión estuvo llena de colorido y sonido, acompañada por un sol que inundaba las calle. Este clima tan propicio animó a la gente a unirse al cortejo femenino. Se puede afanar con rotundidad que la procesión fue nutrida, superando el número de asistentes del año pasado. La fiesta de Santa Águeda, de año en año va a más.
Un convite austera
Terminada la procesión, las Aguedas y todos los que las acompañábamos, nos encaminamos hacia el salón. Allí teníamos gran cantidad de mesas y sobre ellas los correspondientes manteles blancos. Los pla- tos estaban llenos de todo tipo de frutos secos, pastas, etc. todo muy modesto y austero, como corresponde a los tiempos que vivimos.
Teya, Concha y el Sr. Cura presidían la mesa y el acto. Antes de comenzar el convite, Teya: con el permiso de D. Rufino, fue la encargada de realiza la bendición lúdica de los alimentos allí expuestos.
Que se repita
El salón estaba hasta la bandera, hacía años que no veíamos el salón tan lleno con las gentes de Bercial. No exageramos al decir que allí estaba todo el pueblo, sin distinción de ideologías ni creencias. Cuando se dio fin a los alimentos y bebidas comenzó a sonar la dulzaina transformándose por completo el escenario del Salón. Todo el mundo se puso a bailar, como descosidos, los viejos ritmos que tocaba la banda.
¡Enhorabuena a todas las mujeres de Bercial, por lo bien que nos los pasamos en su día. Hasta el año que viene!.