La siguiente parada la hicieron junto a la Peña los "Antitodo". En este momento ya éramos multitud los acompañantes de los quintos, la noche era apacible con una temperatura, fuera de lo normal para estas fechas. Esto propició que los vecinos salieran de sus casas para apoyar con su presencia el paso de los quintos.
Espectadores
En la Plaza del Rincón, se produjo una explosión de cánticos por parte de los jóvenes, cuya voz principal era la de Juanjo, la voz de éste sobresale por encima del resto, cantando alguna ranchera de las suyas. Al mismo tiempo las quintas estamparon en el suelo sus nombres en fila india. Una de ellas les recuerda que falta algún nombre en el grupo. Marino, Constanza, Anamaria, José María y algunos vecinos que en esos momentos transitaban por la calle participan como espectadores de la movida. Se les nota una alegría exultante, ante sus ojos están viendo que Bercial sigue vivo un año más. Los chicos abandonaron el grupo al llegar a la Bodega.
Nota alta
Así, calle por calle, las quintas ya sin el acompañamiento masculino, van cubriendo paredes y calles poniendo carteles cerca de las puertas de sus casas o a la salida de la Iglesia, donde colocan un expresivo "Viva San Blas". Después de todo este trajín de actividad artística, conscientes de que estaban asando en la historia, las muchachas se fueron a sus casas habiendo pasado, con nota alta, su reválida ante el pueblo.
Cena
Pensé que las quintas iban a ir a cenar, las estuvimos animando para que acudieran a la fiesta. Al final no se decidieron a dar el paso que rompiera por primera vez una fiesta con evidentes connotaciones masculinas, por más que nos esforcemos en demostrar lo contrario. Ha sido una pena, que no hayan aprovechado esta oportunidad, para unirse a la cena, pues de esta forma se hubiesen puesto al nivel de los muchachos, dando fin al carácter machista de la cena. El bar de Eliseo estaba hasta la bandera de gente de todas las edades. Allí estaban presentes desde la quinta del 72 al 95. Tradicionalmente los quintos se venían ocupando de comprar la pólvora para el día de la cena y de organizar la misma. Este año ante la falta de Quintos, los jóvenes, menos jóvenes, residentes y emigrantes han colaborado solidaria y colectivamente para que la cena fuera todo un éxito. Nunca mejor dicho aquello de que en la fiesta se deben olvidar los enfrentamientos, las divisiones, las diferencias de ideas, etc.
Así debe ser
El inicio de la cena, fue el preludio, la señal de que la fiesta comenzaba con buen pie. En el bar estaban sentados compartiendo mesa y mantel gentes de todas la sensibilidades del pueblo. Ante los malos augurios interesados, previos a la cena se presentía en el ambiente, se respiraba en la atmósfera, que todos queríamos aportar nuestro granito de arena para que de una vez por todas, en Bercial, nos pudiésemos divertir todos juntos.
Pollo asado
La cena comenzó con el primer plato de rigor: una sopa de mariscos muy bue- na como todos los años. Para el segundo plato, este año hemos recuperado el pollo tradicional. " diferencia con el pollo de las cenas de otros años fue la forma de cocinarle, antes lo comíamos guisado, y este año los ha asado Tirso, el panadero el panadero de Madrigal. Prácticamente, tocamos a pollo por cabeza. La cena la regamos con vino peleón de la comarca de Arévalo o sea; del Sr. Hurtado. Después de pasar los postres, el café y la copa, se encendieron los puros llenando el bar de una espesa capa de humo y se empezaron a beber los primeros cubatas de güisqui.
La juerga
La animación fue creciendo poco a poco, y así empezaron a brotar las primeras canciones populares castellanas, junto con ritmos de rock y canciones discotequeras. En una mesa estaban los jóvenes de dos generaciones de los 70 y 80, iniciando una canción. De la otra fila de mesas, jóvenes de los 90, replicando con una canción más acorde con su generación, y así, una tras otra acompañados todos ellos con el ritmo estridente, pero rítmico, de palmadas y de porrazos sobre las mesas. Las gargantas se desgañitaban casi hasta quedar afónicas, compitiendo unas voces sobre otras para hacerse oír. Todo esto aliñado, con algún que otro desplante salsero o de pasodobles, ejecutado por los mayores del grupo.
El foqueo
Ya de madrugada llega el punto álgido de la fiesta, alguien se percata y avisa para repartir la munición. Se reparte una docena de voladores por cabeza. A partir de aquí, el personal ávido de quemar la pólvora, de sentir el estruendo de los cohetes, sale a la calle a tirar los primeros voladores. Este año, a diferencia de otros, no se ha salido por el pueblo a repartir el ruido por todas las calles se ha concentrado el fuego en torno a la plaza, a la salida del bar. Así se estuvo hasta las ocho de la mañana, en la que los rezagados de la noche estuvieron tomando un chocolate.
Vísperas
Alas 3 de la tarde del día 2 de Febrero, las Candelas, para más señas, irrumpo en el aire el sonido de las campanas, a la gente se la ve inquieta, cambian las caras, se ven sus risas, la emoción contenida; se vislumbra la alegría que está a punto de estallar. Ya estaba allí la fiesta tan esperada.
Cuando subo al Campanario, allí estaba el primer turno tocando, no eran otros que los vaqueros. Los hermanos Gustavo y Francisco Barrios Arenas, Julito, David y Carlitos García Redondo, Macario y Miguelin Arenas Verdugo Roberto, Clemente, Pedrito ... Allí estaba la gente joven la alegría de nuestro pueblo los encargados de mantener la esperanza durante los 365 días del año. El día antes me habían comentado que subiera pronto que siempre se quedaban sin salir en los documentos gráficos. Estuvieron derrochando energía hasta las seis de la tarde, instante en el que todos ellos tienen que abandonar el campanario, para ir a cumplir con un deber inexcusable; ordeñar y aviar sus animales. Los chavales, fueron relevados por el equipo de los jóvenes mayores: Zósimo, Doro, José, Macario, Zoilo, Castor, Evaristo; las chicas de las peñas y un largo etcétera.
A la par que se volteaban con, ímpetu denodado las campanas, se renovaban fuerzas comiendo queso de Cabrales y chorizo de la última matanza, remojándolo todo con vino de cosecha de Madrigal. La animación fue tal que se llegó a competir entre dos equipos de tres mozos, a ver quien de ellos "capaba" la campana. Por un lado: Evaristo, Castor y Teófilo; en frente: Manolo, Salva y Alberto, los que se llevaron el gato al agua fue el primer equipo. Consiguieron por un instante que la campana dejase de sonar, instante único que no todos los años se llega a consumar.
Se batieron todos las marcas
Lento, pero sin pausa, así se mantuvo el tiempo lleno de sonido de la tarde de vísperas. Este año había una consigna que se paso de boca en boca, se tenía que intentar llegar tocando las campanas hasta las diez de la noche. Pues bien, no sólo se logró alcanzar esta hora, las campanas enmudecieron de momento a las 22,30 h. de esta forma pudimos asegurar que por las noticias que tenemos, nunca en la historia del toque de vísperas se había estado tocando ininterrumpidamente siete horas y media. Se pulverizaron todos los récord que se habían conseguido hasta el momento. Los motores de esta proeza fueron: el amigo Evaristo, mi primo salva que estaba totalmente desmelenado, sacándose la espina del año pasado que no pudo estar en la fiesta, y sobre todo los muchachos y muchachas de las peñas "Los Antitodo", "El Oasis" y "La última Generación".
La luminaría
Mientras se sentía el repiqueo de las campanas, sobre las 19,00 horas un gru po de muchachos se acercaron a la era de la Sra. Anastasia, para prender la luminaria. Rociaron el inmenso montón de ruedas de todos los tamaños, con algún tipo de carburante, en el momento de echar la cerilla sobre la luminaria se produjo la ignición de forma espectacular. Las llamas crecieron de forma violenta, prendiéndose en su totalidad todas las ruedas del montón, llegando a alcanzar los tres metros de altura. La columna de humo negro era espesa. Al principio la orientación del aire indefinido hizo dudar a la columna a la hora de orientar su rumbo, el año pasado se dirigió hacia Barromán, este año no sabemos por qué capricho del azar se orientó raudo, en dirección a Cabezas del Pozo. Como los tiempos que corremos, la luminaria se consumió casi sin darnos cuenta, quedando sus rescoldos humeantes, presentes durante toda la fiesta.
Madrugada de San Blas
Ya es costumbre en la madrugada de S. Blas que la gente continúe la fiesta iniciada el día de la Víspera hasta llega al toque de campanas. Las Peñas llenas de gente, los bares abiertos dispuestos a saciar la sed de fiesta del pueblo. La oche estaba tranquila, el cielo estrellado, eso sí, caía una ligera helada. A las 5,30 h. tímidamente suenan los primeros repiqueos de la campana grande. A partir de este momento donde hay gente que ha aguantado a píe firme la noche, muchos de ellos con las muestras de cansancio en sus caras, reaccionan y como si de un resorte se tratara recuperan fuerzas para acudir a la llamada que desde el campanario les hacen los quintos, anunciando que ya estamos en San Blas.
LA CONGA
Los músicos llegaron a Bercial a las 8 de la mañana, en su furgoneta Citröen, en el instante que los primeros rayos de sol iluminan tímidamente las calles expulsando la oscuridad de la noche. Cuando entran por la Calle Medina, se van cruzando con los mozos que bajan del Campanario, y con el camión de la basura que hace su recogida diaria.
Entran en el bar de Eliseo como si se tratara de una cuadrilla de toreros, que hacen su paseíllo por el ruedo, en el que les espera su afición que no puede contenerse al verlos, estallando en una ovación cerrada hacia las personas entrañables que aportan con su música y sus instrumentos parte del espíritu de nuestra querida fiesta.
Inmediatamente les pedimos que nos toquen unas piezas para irnos calentando y desentumeciendo los músculos. En el bar, sigue entrando gente de refresco, se empiezan a ver las primeras pelucas, máscaras, las caras pintadas, trajes militares, etc.
Exactamente a las 8, 16 h. se forma la primera conga al son de los ritmos marcados por la Orquesta "La Alegría". Como todos los años la Conga comienza mermada de número. A paso ligero llegamos a la Plaza de San Blas, donde se tocan dos piezas de bailes tradicionales. La primera parada que hace la conga es en casa de la quinta Julita. En esos momentos el día estaba pletórico, el sol lucía con una fuerza especial.
Moros y anís
Bollos de aceite, pastas, moros, copas de anís, coñac, málaga desaparecen en volandas de las bandejas. Es la primera casa, la gente tiene reseco y tiene el estómago vacío. Hay que empezar la Conga con buen pie. Ya más numerosa la Conga se dirige al Salón donde tiene puesto el convite Pili. Aquí las quintas se marcan una jota castellana, mientras los petardos y los ruidos se mezclan con los petardos de los sones tradicionales.