Este relato escrito que presenté el año pasado en la página Web y que hoy presento en esta revista, es un homenaje vivo y sentido para todas y cada una de aquellas personas que a lo largo del tiempo, en algún momento, han dado y dan vida con su presencia a nuestro pueblo. ¿Qué sería de una tradición como la celebración de la fiesta de San Blas o de los períodos del año: como el tiempo vacacional del verano, las navidades, Semana Santa, cuando el pueblo bulle de vida gracias a los mal llamados “veraneantes”? ¿Qué sería de nuestro Bercial: si los “hijos e hijas del pueblo”, sus hijos nietos y descendientes (la llamada geografía dispersa) no regresaran al pueblo, a su pueblo: a pasar sus vacaciones, a celebrar y acompañar en sus fiestas a sus familiares, a habitar las casas de sus padres o las suyas propias, para mantenerlas, mejorarlas; en definitiva, regresar a tus raíces, a hacer pueblo para impulsarle hacia el futuro? Seguro, que de no ser así, Bercial hoy día estaría a punto de cerrar la puerta y tirar la llave.

Pero, queridos amigos, vecinos y ciudadanos de Bercial, de dentro y fuera de su término municipal, esto no ha sucedido ni sucederá en mucho tiempo pues seguiremos con marcha para asistir a muchas fiestas de San Blas como la de este año 2010. Fiesta patronal, ésta, nuestra, única y excepcional. Y digo, única, porque es la fiesta de todas las que se celebran entre los meses de octubre a marzo, de entre todos los pueblos de nuestro entorno, y de toda la Moraña, que todavía sigue viva y con pujanza.

 

 

 

 

 

 

 

       
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